¿ES TAN FÁCIL PAGAR DIEZ MIL SOLES PARA DESHACERTE DE TU PAREJA Y PRESENTARTE EN EL VELORIO?
EL CASO DE MINOSSKA PINTO, EL ÁNGEL DE LOS BEBÉS PIURANOS
Fernando March
(Perú)
Crónica de un crimen perfecto
MINOSSKA PINTO, gastroenteróloga de gran belleza e inteligencia. Su vida le fue arrebatada de la peor manera y aún hoy, casi dos semanas de su sensible pérdida, nadie sabe por qué fue.
1. LO QUE PASÓ AQUELLA TARDE DE INTENSA CANÍCULA
El día 10 de abril del año 2026 llegué temprano del colegio hacia mi casa. El centro educativo en que laboro había sido elegido como centro de votación para los comicios nacionales del domingo 12 de abril. El ingreso fue a las siete y media de la mañana y para las doce y media del mediodía todo había terminado. Mientras venía a casa en el ómnibus interdistrital, ignoraba que a pocos minutos de esa misma tarde el destino de una mujer hermosa, una profesional brillante y dueña de una ternura infinita, estaba a punto de cambiar.
“Cara de chancho”. Alejandro Rojas Guillén, supuesto sicario de la doctora Minosska Pinto Lazo, va encaramado en la parte trasera de la moto lineal de Junior Miñan Semi-nario, alias “Muerte”. Este supuestamente fue alertado por el marcador para llevar al asesino.
Todo transcurría con normalidad hasta la una y media de ese día. En las instalaciones de la clínica AUNA, de la urbanización Miraflores- Castilla, una llamada imprevista sorprende las diligencias laborales de la gastroenteróloga pediatra Minosska Pinto Lazo. Una médico de 38 años y una capacidad profesional reconocida como de primer nivel, aparte de su carisma envolvente y una voz melodiosa y gratificante, fue conmovida por un mensaje de premura que la hizo abandonar sus prioridades laborales y anteponer algo relacionado con su familia. Era madre de una criatura de año y medio y tal vez ello pudo ser la causa. No lo sabemos con certeza. Lo único cierto es que ella abandonó su centro laboral con una rapidez que hacia temer algo grave y nada manejable.
Alguien sigiloso y expectante, situado a la salida de la clínica, lanza una llamada de alerta a un par de sujetos que se encaraman en una moto lineal con destino hacia un “encargo”.
Mientras el automóvil de la pediatra va saliendo de Castilla y enrumba hacia la Urbanización San Felipe, los sujetos vuelan en la moto lineal, poseídos de una diligencia y una obsesión por la perfección, que solo inspira una labor previamente pagada y con creces.
Minosska Pinto toma la vía del puente Andrés Avelino Cáceres. Es la vía más directa para llegar a la Urbanización San Felipe. Esta se encuentra cercada por las Urbanizaciones San Ramón, Santa Isabel y San Eduardo, que la ante-ceden.
Van a dar la 1 Y 40 de la tarde y el tráfico no ha sido tan intenso pese a ser hora punta. La pediatra sigue toda la Avenida Andrés A. Cáceres a lo largo, hacia su destino. Imaginamos que los “encargados” también. Han ido siguiendo el automóvil de la médico que ahora ya no es una profesional en labores sino una madre angustiada y con prisa de llegar a su hogar.
Apenas termine con ese problema doméstico, deberá volver a la Clínica. Sus labores terminan a las ocho de la noche y esto es solo una eventualidad de fuerza mayor.
Atravesado el cruce con las Avenidas Ramón Mujica y La Country, Minosska sabe que muy pronto girará hacia la derecha. En la esquina donde se ubica el 11:11 Wings, un local de venta de ceviches, muy popular en su urbanización.
La esquina donde se produce el “giro de la muerte” para la doctora Minosska Pinto. A muy pocos pasos de aquella entrada estaba su domicilio.
Apenas de un giro en la esquina correspondiente e ingrese a la primera calle de la Urbanización San Felipe, la médico estacionará su automóvil enfrente de su domicilio. Los “encargados”, para ser precisos y letales, deben haber llegado minutos antes y esperar en las inmediaciones como cualquier hijo de vecino, soportando la incómoda canícula de esa tarde.
Los sabuesos de la tragedia ya han calculado todo. Ya saben por qué puerta va a ingresar la facultativa. Ya saben de qué manera reaccionará con la premura y la angustia que lleva.
La llamada previa ha sido descorazonadora para ella. Eso la tiene conmovida, ajena a los eventos que se suceden alrededor de ella. La tiene con las defensas bajas y sin una pizca de alerta ante la inminente tragedia que le espera. No piensa más que en el producto de esa llamada, en las consecuencias que vendrán de ella.
¿Qué fue lo que conmovió tanto a la médico- pediatra?
Se produce el giro de la muerte para la doctora Pinto Lazo. Ella estaciona su automóvil al frente de su domicilio. Es una casa de tres plantas, pintada de blanco y con escaleras de caracol metálicas del mismo color. Presenta dos puertas. Una metálica, de forma rectangular, que es la entrada principal y en la que se detendrá la médico- pediatra para ingresar al domicilio. La otra es más grande, de forma semi oval y de madera. Es la puerta de la cochera. La doctora no la usó porque era seguro que volvería al trabajo, apenas disipara sus angustias domésticas.
Se produce el estacionamiento, y Minosska baja del automóvil. No viene sonriente ni feliz, esa tarde. Llega con una angustia y un sentimiento de impotencia. Nada es más importante que ingresar a su hogar y abrazar a su bebé.
Ella sabe lo que es ser una “mamita” en toda la extensión de la palabra. Ella ha sido el soporte para tantas y tantas “mamitas” iguales a ella en su región.
La angustia la abraza y sólo quiere traspasar esa puerta, solo quiere que le digan que no todo está mal y que pronto volverá a sus labores con la normalidad de siempre. Sólo quiere eso y nada más. Sólo eso.
Estamos en la 1 y 52 pm. de la tarde. Minosska Pinto Lazo, una bella médico pediatra, camina hasta la entrada de su casa. Va vestida con un traje largo, cómodo para las altas temperaturas del día. Revisa su cartera y saca la llave para introducirla en el cerrojo. Ignora todo. Nada es más importante que su pequeño. Ella vive sólo para él. El único amor de su vida. El verdadero.
Yo, por mi parte, había llegado jadeando a la casa desde el desembarcadero del ómnibus por toda la Avenida Circunvalación. Había ingresado al domicilio y tomaba un merecido baño antes de ponerme a trabajar en un libro de poemas infantiles. En esos minutos en que me recobraba de tan intenso calor, en la Urbanización San Felipe, un sujeto obeso, mal trajeado, con shorts negros, zapatillas del mismo color y polo blanco, había bajado de la parte trasera de una moto lineal, y se dirigía a paso ligero por el sendero que iba a cruzar la doctora. La premura y la frialdad con la que el sujeto actúa es pasmosa. Se ve como acelera el paso, calculando que ella va a demorar unos segundos antes de vulnerar la puerta. Son segundos de oro para un sicario. Es la diferencia que separa el trabajo excepcional del mal trabajo, algo que le puede costar vergüenza y represalias.
Dueña de una belleza que no ajaba ni el dolor más profundo, la doctora Minosska sólo vive para el momento en que abrace a su pequeño. El asesino sabe quien es ella. Le ha visto la cara a medida que se acerca a la puerta. Imposible confundirla
La doctora espléndida, aun en la angustia, se expone sin mirar a nadie, sin advertir el peligro que ya está a punto de acabar con su vida. Ella sólo quiere vulnerar esa puerta, y ya está a punto de lograrlo. Sabe que en segundos volverá a ver el rostro de su pequeño, y este le dirá “mamá”.
El domicilio de la médico-pediatra Minosska Pinto. Apenas cubierta por un árbol muy joven, y sometida al sol abrasador de esa tarde. Hasta allí llegaron los asesinos, y calcularon el tiempo que les tomaría quitarle la vida a la doctora.
El obeso de aliento fétido surca la acera y hacia su costado derecho, y atrás, se dispone limpiamente a sacar el arma feminicida. Ella está ensimismada en su problema. El obeso ya siente el fierro del arma que está cargada, y su mano derecha es diligente, obedece a sus instintos criminales certeros. En esta oportunidad tiene como aliado a la angustia maternal de la joven médica. Ella está dando el último giro a la llave. Antes que ella tire para atrás y logre separar la hoja de la puerta de su marco, el sicario ya tiene el arma en la mano derecha, lista para detonar. La nuca de ella es el objetivo. Sabe que dos tiros en la cabeza son suficientes. Bien tirados, son letales. Ella no volverá a despertar.
Minosska ya está con un pie dentro de la casa y el sicario sabe que si ella logra poner el otro, la oportunidad estará perdida. Acelera el paso, y la mano se pone en posición de crimen. Apunta con toda la mirada puesta en el occipucio de la doctora, y jala el gatillo. Las balas salen con estruendo que angustia a todas las manzanas cercanas. En ese preciso momento, Frank Barrantes, un joven profesor, amigo y estudiante de la UDEP, pasaba por la calle paralela, proveniente de la universidad privada.
“Fernando ─me dijo─ yo pasaba por la otra calle, en ese preciso momento y todos los de esa cuadra sentimos los dos disparos. Exactos. Clavados. Nuestra incógnita era ¿dónde fue? Si no era donde estábamos quedaba la opción que fuera en la paralela derecha. Minutos más tarde los gritos nos alertaron. Efectivamente, era en la paralela derecha. Habían matado a una doctora”
El último pensamiento de la doctora, para su hijito, se disolvió en una hemorragia sin control. Dos forámenes en su cerebro, su única herramienta de trabajo desde niña, terminaron por cegar su vida en esa tarde en que ella jamás debió contestar, aquella llamada que la dejó a merced de sus asesinos.
Minosska Pinto Lazo se desvaneció desde arriba hacia abajo como un cuerpo gelatinoso y sin huesos. Cayó, cuan alta era, sobre el pavimento de la acera de su casa. De espaldas y con la mirada hacia el cielo, como rogando justicia por ese instante que le privó de ver por última vez la inocente mirada de su pequeño.
El asesino a sabiendas de su efectividad corrió como saben hacerlo los cobardes que atacan por la espalda. El “Carrier” de la moto estaba listo para salir de allí antes que la gente se aglomerara.
Momento en que se dispone a abordar la moto que lo llevará a su ruta de escape. El sicario permanece no habido.
El ardiente sol fue testigo de este crimen y una camarita que, más allá, captaba los últimos y precisos instantes de vida de la joven médica.
Alertados los vecinos, rodearon el cadáver de la joven exánime y llamaron a las autoridades policiales. En pocos minutos la zona era un pandemónium. Todos querían ver el cuerpo malogrado de la aún hermosa médica. Ella yacía sobre el pavimento, mientras la fuente de su sangre terminaba por secar el alma de su cuerpo favorecido.
“Nunca vi una muerta más hermosa” dijo un viejo vecino que esa tarde fue testigo del cadáver expuesto.
“Daba mucha pena verla allí─ dijo una vecina anciana ─, tirada sobre el pavimento, como una cosa inservible. Ella, que era la que daba esperanzas a las mamitas angustiadas, y ahora nadie podía darle esperanza a ella de poder abrazar a su angelito”
Las diligencias policiales se llevaron a cabo de manera rápida. Se comprobó, por el contenido del bolso, que el crimen, al parecer no tenía como móvil el robo.
La gente que presenciaba el levantamiento del cadáver de la joven madre de familia venía con desazón tal ritual y murmuraban si ella no había estado ligada a algún caso de extorsión. Condiscípulos de Frank Barrantes pudieron seguir los acontecimientos post-crimen y luego se lo contaron.
“Hice bien al irme de allí, Medrax─ me dijo─. No sé lo que hubiera pasa-do si hubiera caminado más rápido, y me hubiera encontrado en medio del crimen.”
Una camioneta del Serenazgo Municipal se encargó de transportar los restos, aún tibios de la bella fenecida. Adentro, un inocente angelito aún esperaba por la mirada inolvidable de su madre.
Yo supe del execrable hecho a eso de las tres y media de la tarde, cuando los boletines de noticias en Facebook empezaban a circular. Miré atento el caso y ya empezaban a lanzarse teorías antojadizas sobre la muerte de la joven pediatra.
Supe al punto que era conocida por ex condiscípulos míos, de aquellos tiempos angustiosos en que yo estudiaba en la Facultad de Medicina de la UNP.
Sin proponérmelo busqué su perfil en redes, y accedí a su página web. Allí estaba ella, radiante y más viva que en cualquier instante de su vida.
“¿Cómo alguien que inspirara tanta ternura merecía morir así?” me dije para mí mismo. Se me vinieron lágrimas a los ojos. Me puse en el lugar de aquel niño, que un día sabrá que tres desalmados, y uno en la sombra, le arrebataron aquel último abrazo, aquel último beso, aquella última caricia de su joven madre.
Entonces, a eso de las ocho y media de la noche de ese fatídico día, escribí, con toda la rabia que me poseía, un comunicado en Facebook, al lado de una foto de aquella hermosa doctora que jamás pude conocer en persona; pero que mi corazón dijo que tendría que hacerlo, por cuestión de justicia, por cuestión de indignación y en honor a la verdad.
El comunicado decía así:
“CUANDO ALGUIEN DECIDE QUE NO VALES NADA"
(Perú)
“TANTA BELLEZA E INTELIGENCIA TIRADAS AL HOYO POR LA DECISIÓN DE ALGUIEN QUE SE SINTIÓ HERIDO O FRUSTRADO CON SU PRESENCIA EN ESTE MUNDO. TANTA PREPARACIÓN PARA UNA VIDA PROFESIONAL FELIZ, Y TANTAS MALAS NOCHES PARA LOGRAR EL ÉXITO FINAL. LA DOCTORA MINOSSKA PINTO, GASTROENTERÓLOGA PEDIATRA, DEJA UN VACÍO TERRIBLE ENTRE SUS NIÑOS. SU VIDA PERSONAL NADA TENÍA QUE VER CON SU DESEMPEÑO PROFESIONAL. UN MALDITO ENERGÚMENO LA CENTRÓ PARA SU PLAN MACABRO. Y ENCIMA LA DEJARON TIRADA EN LA ENTRADA DE SU CASA...COMO UNA BESTIA IRRACIONAL PELIGROSA RECIÉN VICTIMIZADA. ESTA VIDA ES UNA MISERIA Y NADA VALE LA PENA. DESCANSE EN PAZ HERMOSA DOCTORA. EL SER UN GRAN PROFESIONAL NO TE GARANTIZA LA LONGEVIDAD NI MORIR EN PAZ. ¡QUE PAGUEN LOS MISERABLES!!!”
Ciudad Coloma 2026
Las reacciones en redes no se hicieron esperar. Aquellos que leyeron aquella simple impresión del instante, supieron entender y compartieron, uno a uno, su mensaje.
Escrita en la calma de la noche y luego de ver los videos que había dejado la hermosa profesional de la medicina, no tuve mejor inclinación que descargar mi rabia, al igual que muchos otros, en la red.
2. LO QUE NO SE ENTIENDE DEL EXECRABLE CRIMEN
Nunca hubo un crimen tan manifiesto y con cámaras, para seguir paso a paso la muerte de la bella facultativa.
La policía tenía la mayoría de elementos de juicio para identificar a los asesinos. El sicario─ tal vez por soberbia o por dársela de inexpugnable─ no cubrió su rostro. “Tal vez no imaginaban que estaban siendo grabados”, dice Frank Barrantes. Pero pensar en eso no es posible. Uno, por sentido común, puede imaginar que aquellas zonas de urbanización tienen casas con cámaras incorporadas. Es lógico. Son zonas potencialmente vulnerables por los amigos de lo ajeno.
La policía necesita recobrar la confianza del pueblo. Los asesinatos por encargo constituyen una “industria” de sangre muy rentable para algunos. Es muy legítimo pensar en éste como un caso de sicariato por encargo; pero ¿quién? ¿Quién sería tan malo para asesinar a una mamá tan tierna y con una carrera brillante? ¿Quién quisiera quitarle la vida a una mujer que pareció nacer para dar amor a los niños? ¿Quién quisiera quitarle la vida a una mujer cuya belleza traspasaba fronteras regionales con videos que testimonian su vocación inmortal?
La página oficial de la doctora Pinto Lazo. Sus videos son aleccionadores y conmovedores por la gracia y buena voluntad, de que ella hace gala, para orientar en los problemas gástricos de los menores.
Una doctora de buenos pergaminos y una vocación inquebrantable, ¿para quién es un peligro o un estorbo?
¿Por qué asesinar a una bella profesional cuya prioridad era su menor hijo y su vida hospitalaria?
Una foto que conmueve por la sinceridad del gesto y por la certeza que evidencia su amor por todo niño. Incluido aquel que nació de su carne. Su belleza resplandeció aún más con la maternidad. Parecía un ángel. (Octubre 2023)
Los más avezados empezaron a elucubrar historias pasionales que explicaran aquel desenlace trágico.
Para muchos la doctora vivía un romance oculto con un médico piurano o alguien potentado que había capturado su corazón herido, y fue la pareja de aquel personaje, hasta ahora invisible, quien ordenó aquel crimen por encargo, para sacarla de en medio. La lógica apuntaba, según ellos, a la hermosura de la doctora que había conseguido rendir al hombre más duro y más irreverente.
Doctora Minosska Pinto Lazo. Su belleza y ternura bastaban para desarmar el corazón masculino más duro. Si la doctora, para muchos, estaba sola del corazón, no estaría sola, físicamente, por mucho tiempo. Alguien robaría aquel corazón, y lo tomaría.
Otros, en cambio, aseguraban que había sido una pareja secreta del esposo quien había planeado el crimen. La supuesta separación reciente de la pareja─ con ella viviendo en Piura y el viviendo en Talara ─bastaba para sospechar que existía un triángulo imposible que debía acabar en un aconteci-miento trágico.
¿Pero un joven médico, padre reciente de una criatura con la bella doctora, podría haber optado por sacrificar a su esposa, justamente a ella?
Manuel Sosa, un amigo de Frank Barrantes, exclamó: “Hay que estar reverendamente loco y cojudo para deshacerme de una esposa como ella. La hubiera tenido en un altar, besándole los pies todo el santo día”.
Estábamos de acuerdo. Pero, entonces, ¿por qué matarla?
Los escenarios del velorio en la Iglesia María Auxiliadora de Piura, fueron calurosos, cargados de dudas, tristeza y deseos de revancha. La presencia del esposo, un médico joven de nombre William Seminario Girón, conmovió a muchos, quienes solicitaron busque hacerle justicia a la doctora. El agradeció los gestos de solidaridad y se arrinconó en un lugar ajeno a los gritos de dolor que los allegados proferían afuera. Luego, llegado el momento cargó con el ataúd de su esposa.
“Parece querer no estar aquí”, murmuró alguien.
“El hombre parece estar destrozado, y a la vez no parece estarlo”, dijo otro.
El doctor William Seminario Girón, en primera fila, cargando el ataúd de Minosska Pinto, su esposa. Ella sería conducida a Talara.
El entierro final, en el cementerio de La Inmaculada, en la ciudad de Talara, fue el último adiós a una vida feliz, fructífera y llena de logros profesionales.
Pocas horas después se anunció la captura del “carrier” que había transportado al sicario hasta la persona de la fallecida doctora. Junior Miñan Girón sindicó al esposo como autor intelectual del asesinato. La versión del motociclista es que el sicario, en persona y de su propia boca confesó sin miramientos y con mucha burla que era el “cuernudo” del médico Seminario quién los había contratado, solicitando la muerte de su esposa. Para ello había pagado la nada despreciable suma de “DIEZ PALOS” (10,000 NUEVOS SOLES). Los tres hombres pactaron en una reunión donde Girón dio datos certeros sobre los movimientos y horarios seguros de su ex-pareja.
Todos los medios de información explotaron. Señalaron al esposo como el JUDAS de la historia, el cerebro planificador.
El afectado esposo parece decir “Hasta luego, mi amor. Un día volveremos a vernos”
Fue el propio General Jorge Jáuregui Reine quien aseguró que Miñan había manifestado la existencia de un mediador, ”El viejo”, quien habría sido el responsable de contactarlos por orden de Seminario Girón.
En medio de las tertulias surge la versión de que William Seminario ya no vivía con la doctora Minosska Pinto Lazo.
“Para muchos no era un secreto que ya estaban separados; pero para él seguían juntos y muy juntos” dijo una vecina allegada a la familia Pinto.
“¿Por qué asegurar que ambos seguían juntos; si ya no era cierto?”, se pregunta Jorge Ocaña, amigo de Frank Barrantes.
Lo más triste para el médico William Seminario Girón fue la orden de detención en su contra y la incautación de sus móviles para revisión exhaustiva. Se descubrió que había mucha información borrada y que portaba cinco chips distintos. ¿Algo extraño, no?
Fue el General Daniel Jares, de la Primera Región Policial de Piura, quien sostuvo el manifiesto del motociclista implicado.
William Seminario Girón fue conducido enmarrocado a la División de Investigación Criminal de Piura. (DIVINCRI-PIURA).
Los cinco chips pudieron dar gran información; pero todos estaban borrados. ¡Extraño, muy extraño!
“¿Para qué tengo cinco chips vacíos en mi poder? ¡Es una estupidez!”, dice Manuel Sosa. Yo también lo creo. Pero William Seminario no es ningún estúpido. Es un médico con un gran prestigio y ahora con mucho más efecto mediático, tras la muerte de su ex- esposa.
El abogado de William Seminario Girón dio por seguro su liberación a las 48 horas de detenido su patrocinado. Guilio de Lama, su abogado, dijo:
“Él fue detenido el 13 de abril por estar en posesión de cinco SIM cards. Luego de eso, en 48 horas, realizaron diligencias propias de la detención (...) El tipo penal establece una pena no menor de 4 ni mayor de 8 años; como él es agente primario, encuadraría en 4 y no superaría los 5 años de pena privativa. Tiene arraigo domiciliario, laboral y no ha habido una obstaculización de la averiguación de la verdad, así que la fiscalía continúa en calidad de citado para el proceso investigatorio a nivel fiscal"
“Imposible no enamorarse de ella” dijo Manuel Sosa. Viéndola bien, tenía razón. El carisma y la ternura de Minosska Pinto podía conmover las entrañas más escurridas. No se descarta una trama pasional de alto voltaje. Para muchos, la bella doctora lo valía.
Pero lo más beneficioso para el galeno Seminario Girón es que la detención se hizo de manera irregular. Y eso beneficia al reo.
“"Sabemos que ya se hicieron los descargos; el juez debe emitir una sentencia. Si se declara fundada el habeas corpus, el proceso de investigación quedaría archivado", explicó De Lama.
Dos médicos exitosos, jóvenes, padres recientes y con un porvenir luminoso. ¿Qué más se podía pedir? ¿Qué motivos tendría Seminario para deshacerse de su hermosa y fecunda esposa? Nadie lo entiende. ¿Todo fue una mentira, acaso?
“Claro, con el sicario libre, quién sabe dónde y los chips borrados, es fácil darse cuenta que no hay prueba contra nadie”, dijo Jorge Ocaña.
“Quien pudiera creerlo, dos médicos exitosos y emprendedores. Ella una madre feliz, reciente. El, marido de una mujer bella, talentosa. Ambos jóvenes. ¿Qué más se puede pedir, Medrax?”, dice Frank Barrantes.
Minosska Pinto y uno de los varios reconocimientos a su infatigable labor en gastroenterología pediátrica. Era la única en la Región Piura de esa especialidad.
“Pero, y si fuera cierto. Y si los celos fueran el móvil de este crimen. Imagínate sólo esto: un esposo siendo testigo que su esposa ya no quiere nada contigo y de la noche a la mañana te cambió…” dice Héctor Robles, profesor amigo y ex discípulo mío.
“Razones de peso tendría que tener…”, alega Loany Saldarriaga, ex discípula.
“Sólo imagínate, tú has perdido a tu sueño de la juventud, por lo que sea. Ella ya no va a volver contigo, y tienes un despecho hasta las nubes. ¿No destrozarías todo lo que amas por asegurarte que nadie más lo tome?, replica Héctor Robles.
Eso es muy bajo y machista. El hombre que hace eso es un asco”, sentencia Loany Saldarriaga
“Nadie que aparente ser feliz, lo es en realidad”, concluye Jorge Ocaña.
Yo también pienso, “no bastan muchas cosas, que otros envidian, para ser feliz”.
La felicidad perpetua no existe en este mundo. Mucho menos si no estamos preparados para conformarnos con lo que tenemos.
“¿Feliz? ¿Quién es feliz en este mundo, loquillo?”, me decía mi sabia madre, Esther Álvarez Castro.
Hace tres días, el médico en funciones, William Seminario Girón transmitió una declaración donde afirmaba no tener ninguna vinculación con los detenidos ni implicados en el asesinato de su esposa. Para él y para muchos que lo apoyan, todo se debió a una posible confusión con una vecina que estaba siendo reglada y extorsionada por los extranjeros del gota a gota.
William Seminario encaró a las autoridades policiales:
“¿Por qué me sindican? ¿Dónde está el elemento de convicción?”
“Yo puedo decir que usted es un sicario, pero ¿cómo lo demuestro? ¿Dónde está el elemento de convicción? ¿Tengo fotos de ustedes disparando, matando a alguien?”
(Fuente: CANAL ATV)
Es lo más probable para ellos, y se ha cometido una injusticia con un padre amoroso y un esposo devoto que; sin embargo, espera con ansias mal disimuladas que el caso se cierre “para proteger a su menor hijo”.
“Él es quien debe estar moviendo cielo y tierra para aclarar el móvil del asesinato de la madre de su hijo”, dice César Caramantín, amigo de Frank Barrantes.
Pues don William Seminario no parece compartir su apreciación. Lo único cierto es que ese niño que aún espera el abrazo y la palabra dulce de su mamá, ya no le verá jamás.
Los brazos que le acunaron y acariciaron al nacer, no los sentirá jamás. Los varones no nos bastamos para criar a un hijo. Necesitamos el juicio y el apoyo de una mujer. Mucho más si esa madre es todo amor y devoción por las criaturas. Minosska Pinto Lazo lo era. Y jamás dejó de serlo. Hasta los últimos minutos de su vida pensó en su bebé. Y se desvaneció como una sombra yendo a su encuentro.
Cristian Socalaya Bayona, alias el “ITE”, principal vigilante de la doctora a la salida de su trabajo, ya dio su testimonio. Junior Miñan Seminario, alias “Muerte”, el motociclista de apoyo, dio su testimonio.
Falta la persona de Alejandro Rojas Guillén, alias “Cara de Chancho”, supuesto sicario que apretó el gatillo. Para muchos, ya está gozando del sol y la brisa de las playas del Ecuador.
Los miembros del Colegio Médico de Piura honraron la memoria de la fallecida galeno, y exigieron el esclarecimiento, en lo más breve posible, de su muerte por parte de las autoridades Regionales y Policiales.
“Esta muerte nos duele a todos los piuranos, Medrax”, me dice Edwin Montero, profesor amigo de ÉLITE.
Y sí, nos duele. Nos duele mucho; pero mucho más les duele a esos pequeñines, esos angelitos que la vieron una vez, y que jamás volverán a escuchar su voz ni estrechar su cálida mano.
Descanse en paz, bella doctora. Si es que puede.
CIUDAD COLOMA.
ABRIL 2026.
Biografía de Fernando March (Lima, 1969):
Escritor peruano del Big Bang Literario 2020.
Escribió su primera obra teatral a los 14 años: El principio de una nueva vida (1984). Ha ganado dos veces consecutivas el Tagesschule de San Gerardo de Loja con sus obras de micro teatro: Desahuciado (2016) e Impudicias Virtuales (2017). Fue segundo finalista en el concurso de relato corto de la EDITORIAL ANGELS FORTUNE (Barcelona, España) y publicó en Europa: El trovador menesteroso de la calle del Encanto (2019). Finalista del concurso de cuento Corto, auspiciado por la Asociación Peruana China y Revista Integración, con su relato: Caleta Panteón (2021).
En 2023 publicó en España su poemario ontológico y mitológico Nogalia. Su relato Humantay (2022) forma parte de una antología de cuentos del Taller de Cronwell Jara, editado por PETROPERÚ con el título de Técnicas y sentimientos.
Escribe artículos para la revista Kametsa (Perú) y Cardenal (México).
Actualmente prepara su primera novela. Es parte del staff del programa de promoción cultural y literaria en Cruzada Cultural de Alex J. Chang.
FERNANDO MARCH. AUTOR DE LA CRÓNICA
Excelente narración, gracias.
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